lunes, 12 de noviembre de 2012

Dos poemas de Shiro Dani



Clávame los cuchillos



De tu mirada pende mi Apocalipsis.
Mirada de fuego que te quema dices,
cuando me rechazas y cierras los ojos.
Es entonces cuando la llama de tus
negras lunas me hiela la sangre, me
arrebata la poca vida que me queda.
Tú sales indemne y luminosa en el cruce.
Yo convertido a cenizas y sin remedio,
espero renacer sabiendo que no sucederá.
Noto como caigo lentamente a la nada
sin llegar jamás a un final, sin terminar
de morir, agonizando eternamente, sin
posibilidad de tenerte, ni de olvidarte.
Noto más ese acelerado desgarro de ti
cuando nos cruzamos y simulas no verme.
¡Clávame los cuchillos, tus afiladas uñas,
sácame el corazón! o déjame, que de una
por todas mi seco cuerpo atraviese ese
muro que cada día interpones entre tu
y yo. Ese que por más que yo derrumbo
tu construyes en un segundo al cruzarnos.



No era usted
          
Cerré el ordenador y cogí un poemario.
Quise hacer un crucero entre usted y yo,
surcando la luz que seguro la ilumina
con tan sólo mi ilusión como pasaporte.
Pero a mitad, ni cerca ni lejos de usted
justo en el perímetro de una página,
en el acantilado de una mirada extinta
me desilusioné, me estremecí, me caí,
me inundó la tristeza. No era usted…
¡Otra vez me dormí leyendo poesía!
pero no era la de usted. Entonces, el
despertador del tiempo marcaba  justo
38 grados a la sombra. Y yo, frente a la
ventana mirando al Mediterráneo la
vi cruzar subida en un unicornio azul.
Miré hacia la estantería: los cuatro libros
estaban allí. Me tranquilicé y los acaricié.
Desaté la sonrisa que los envuelve y, muy
lentamente comencé el crucero.
Entonces, leí.

1 comentario:

  1. ¡Ostras! David, muchas gracias debes saber que es la primera vez que alguien me hace esto y será inolvidable, te lo juro amigo. Me alegra mucho que haya sido aquí en tu “casa”. Gracias y espero verte pronto, pues te debo un gran abrazo lleno de amistad y gratitud.

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