martes, 27 de noviembre de 2012

Un poema de Arthur Rimbaud



El baile de los ahorcados

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!

Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados ,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.

¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza ,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!

¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.

El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.

¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...

¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,

crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

martes, 20 de noviembre de 2012

Dos poemas de Hasier Larretxea




*
Quema un autobús.
Quema un cajero.
Quema una papelera.
Quema todo un barrio.
Un pueblo, una ciudad.

Un bosque.

Antes de que también tú te quemes en ese fuego.



*
Construyamos un pueblo
haciendo explotar tres o cuatro bombas diarias
en cascos históricos.

Construyamos un pueblo
embelleciendo con pintura roja y amarilla
y con escritos amenazantes
las sedes de los partidos políticos.

Construyamos un pueblo,
pero quememos antes
sus cajeros automáticos,
sus autobuses.

Construyamos un pueblo,
aunque para ello
tengamos que destruirlo todo.

Aunque ya no nos quede
sobre qué construir.

martes, 13 de noviembre de 2012

Dos poemas de Felipe Zapico

[ Sin título]
 
Susurra el saxo
y la tiza numera al detenido
cuando sus labios,
huídos de la boca,
persiguen  –impotentes-,
aleteos que destellan.
y un clamor
grosero
anuncia
la continuidad
el vacio constante
el ansia inconmensurable
y permanente.

[ Sin título]

Un pez en tu lengua
y un rastro de moras en tus labios
la tarde cae atónita
ante el avasallamiento de los reflectores
el martillo golpea la ventana
y ésta se queja agudamente.
No escucharán tus gritos esta noche
porque mi pasión ha derivado a las certezas.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Dos poemas de Shiro Dani



Clávame los cuchillos



De tu mirada pende mi Apocalipsis.
Mirada de fuego que te quema dices,
cuando me rechazas y cierras los ojos.
Es entonces cuando la llama de tus
negras lunas me hiela la sangre, me
arrebata la poca vida que me queda.
Tú sales indemne y luminosa en el cruce.
Yo convertido a cenizas y sin remedio,
espero renacer sabiendo que no sucederá.
Noto como caigo lentamente a la nada
sin llegar jamás a un final, sin terminar
de morir, agonizando eternamente, sin
posibilidad de tenerte, ni de olvidarte.
Noto más ese acelerado desgarro de ti
cuando nos cruzamos y simulas no verme.
¡Clávame los cuchillos, tus afiladas uñas,
sácame el corazón! o déjame, que de una
por todas mi seco cuerpo atraviese ese
muro que cada día interpones entre tu
y yo. Ese que por más que yo derrumbo
tu construyes en un segundo al cruzarnos.



No era usted
          
Cerré el ordenador y cogí un poemario.
Quise hacer un crucero entre usted y yo,
surcando la luz que seguro la ilumina
con tan sólo mi ilusión como pasaporte.
Pero a mitad, ni cerca ni lejos de usted
justo en el perímetro de una página,
en el acantilado de una mirada extinta
me desilusioné, me estremecí, me caí,
me inundó la tristeza. No era usted…
¡Otra vez me dormí leyendo poesía!
pero no era la de usted. Entonces, el
despertador del tiempo marcaba  justo
38 grados a la sombra. Y yo, frente a la
ventana mirando al Mediterráneo la
vi cruzar subida en un unicornio azul.
Miré hacia la estantería: los cuatro libros
estaban allí. Me tranquilicé y los acaricié.
Desaté la sonrisa que los envuelve y, muy
lentamente comencé el crucero.
Entonces, leí.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Extracto de "Miedo y asco en las Vegas" de Hunter S THompson






No tiene sentido pelear ni de nuestro lado ni del de ellos. Teníamos todo el momentum; navegábamos en la cresta de una inmensa y bellísima ola. Y ahora, menos de cinco años después, puedes ir hasta la cumbre de alguna colina en Las Vegas y mirar al Oeste, y, con la mirada apropiada, casi podrás ver el lugar donde finalmente la ola rompió contra la tierra y comenzó a retroceder.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Dos poemas de Roger Wolfe



En blanco y negro


Me despierto y hay un vaso medio lleno
de bourbon encima de la mesa, unas cerillas,
un paquete de Winston en el que alguien
ha garabateado su número de teléfono; son las siete
y cinco minutos de la mañana, James Mason me contempla
en blanco y negro desde el televisor, y vocaliza
palabras que no logro entender ni oír siquiera.

Y después de levantarme y acercarme
al baño, y echar el asco y las entrañas
por las cañerías, y tirar de la cadena, se me ocurre
que es agradable estar vivo y hacer la guerra
y el amor y este poema, y que el mundo
bien merece
otra mirada.


Noches de blanco papel

Tú contra el mundo
y el mundo contra ti.
Y en esta guerra sólo hay una
cosa que es segura:
aquí va a haber
un muerto.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Dos poemas de Rubén Romero Sánchez



Endimión borracho o el naufragio de Whitman

la noche huele a ti
hoy miles de ciudades nos separan
pero tu recuerdo dulce se acuesta
conmigo
hoy la noche callada
huele al blanco jazmín de tu sonrisa
al rumor de tus labios, a tus manos de tierra
alzo la copa esperando un milagro,
nazco en la noche clara de tu recuerdo
no oyes los latidos de mi débil corazón?
no llegan como un eco en la distancia?
desgraciado el que añora
lo que nunca fue suyo
desgraciado el que tiene
condenas por cumplir



*

Aún recuerdo el color de tu mano
mirándose en el Sena,
tus dedos como una bandada de pájaros salvajes 
que huyeran de algún incendio.

Debería haberte hecho una foto aquella vez.

Ahora tendría algo más que canciones
de estribillos discordantes.

Es de noche en mi ciudad y en París
habrá mil parejas al día que se besen
las manos bailando en el Sena,
sin darse cuenta de que el Sena muere en el mar
y se lleva con él todas las manos
y todos los besos.

Algún día buscaré en el océano
todo lo que el Sena me ha robado de ti.