viernes, 8 de febrero de 2013

Dos poemas yonkis



Estaba cortado, aquel caballo

En un cuarto una cuchara en una llama
calentaba su deseo más oculto.

Cuando la mezcla estaba bien cocida echó de prisa
mano al cinturón, antes de que el jaco se perdiera.

El cinturón se lo enrolló en el brazo,
y limpió la aguja, para quitar la porquería.

Luego tiró del cinturón, buscándose una vena.
Siguió tirando hasta sentir que le dolía.

Con mano quieta esperó a que saliera el bulto,
y con él llegara el sueño que tanto deseaba.

Y asomó el bultito, y le enchufó el gozo de la aguja.
Pero estaba cortado, aquel caballo, y no hubo fiesta.

Se desplomó en el suelo sin que oyera nada,
y la cabeza le giraba como si fuera un carrusel.

Y se rascó de arriba abajo, entre temblores, y se tiró del pelo,
y vomitó suspiros; otra cosa no llevaba dentro.

Se revolvió gimiendo en medio de la noche.
Pobre alma más colgada no pudo haberla nunca.

-Gregory Corso-



Los sueños de Bill

Muchachas esbeltas con finos kimonos
de seda azul, gasa finísima,
larga, transparente,
recostadas y a medio sentar,
fumando por largos tubos
que de vez en cuando
un sirviente coloca droga,
en un cuenco central,
y mientras siguen fumando
un sirviente les espolvorea
los ojos con polvo
de talco
y ellas parpadean
de placer.
Luego, de vuelta en Las tumbas,
él fuma en su celda
y el humo se va convirtiendo
en personas que cantan y se desvanecen
y vuelven con el humo
y un hombre que pasa pan
lo pasa de largo-.

 -Jack Kerouac-

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