jueves, 21 de febrero de 2013

Un poema de Safrika


El día miserable



Hoy mientras cerraba el puño sólo por cerrarlo, mientras dirigía el coche
por esa carretera oscura a una velocidad más que razonable, y sonaba

algo del white album en radio tres, me di cuenta de que era la primera vez

que

estando contigo, me apetecía más estar en otra parte, cualquier parte

donde no estuvieras tú. Algo momentáneo, quiero decir, con la posibilidad de

encontrarte más tarde, volver a verte.

Qué sé yo, salir con el fetichista de los pies, darme una vuelta con cualquiera,

fumar unos porros, llegar tarde a casa, olvidarme de que

existes.



También me levanté de la cama justo cuando decidiste darme la espalda, y

pensé que no está bien que durmamos en camas distintas, y odié mis problemas

de espalda y odié no tener dinero suficiente para comprar un colchón donde

dormir juntos. También

quise ignorarte y vine aquí tratando de conseguirlo, pareces abatido

y lejano, contaminado y nostálgico, tal vez sea que lloro petróleo, que sudo carne

y vuelco las tazas a propósito, que soy insoportable y la tristeza de saber

que pese a todos los pronósticos no estamos hechos

el uno para el otro.

Por más que rascamos siempre sale eso de

"sigue buscando"

miércoles, 20 de febrero de 2013

Tres poemas de Antonio Orihuela



Y tienes puesta tú mano sobre mí

Domingo, atardece en la terraza,
por más que extiendo los brazos
todo lo que alcanzo es amor.


Desafecto

Durante un tiempo fui el hombre de los dos besos,
pero la gente  no sabía dónde ponerlos
ni qué hacer con ellos, así que cambié de oficio.

En este mundo, me equivoqué de regalos.



Anticapitalista

Qué generosidad,
qué sabia anticipación
la del plantador de árboles.

martes, 19 de febrero de 2013

Dos poemas de Javier Das

Cruce de miradas

No te confundas,
si camino mirando al suelo
no es por temor
a encontrarme con tu mirada.

Lo hago únicamente
para  evitar tropezarme,
y por si
con un poco de suerte,
encuentro alguna moneda.



Nochebuena

En las fotos
de la cena de Navidad,
entre huevos rellenos,
platos de jamón,
paté y salmón,
destaca una cara
entre todas,
la de mi padre,
con 5 meses y medio
de enfermedad
a sus espaldas,
y en cambio,
40 kilos
menos de peso.
Fue una
de las pocas veces
que pudo cenar
algo sólido
y no basar su alimentación
en batidos especiales
con sabor
a plátano.

Lo que sorprende
al ver
el resto de las caras,
es que ninguna
muestra
el más mínimo
signo
de tristeza,
todo son risas,
felicidad,
como cualquier
otro año.

Porque
el regalo
que todos
recibimos ese año,
fuera de objetos materiales
y dinero,
fue
compartir esa cena
con él,
prepararla a su lado,
verle sonreír,
y por una vez,
ganarle la partida
a un cáncer de estómago,
aunque
solamente diez días
más tarde
nos demostrase
a lo que había venido.

jueves, 14 de febrero de 2013

Letra de una canción de Bob Dylan (traducida)




La calle de la desolación (Desolation row)


Están vendiendo postales del ahorcamiento,
están pintando los pasaportes de color pardo,
el salón de belleza está lleno de marineros
el circo ha llegado a la ciudad
allí viene el ciego de la junta municipal,
lo han puesto en estado hipnótico,
una mano la tiene atada al equilibrista,
la otra está en sus calzoncillos
y el pelotón de motines está inquieto,
necesita ir a algún sitio,
mientras la dama y yo vigilamos esta noche
desde la calle de la desolación.

Cenicienta parece tan disoluta,
coge a cualquiera para conocerlo, sonríe
y pone sus manos en los bolsillos traseros
estilo Bette Davis.
y luego viene Romeo quejándose:
“Creo que me perteneces”
y alguien dice:
“Estás en el sitio equivocado,
amigo, será mejor que te largues”
y lo único que se oye
después de irse las ambulancias
es a Cenicienta barriendo
en la calle de la desolación.

Ahora la luna está casi escondida,
las estrellas se empiezan a ocultar,
incluso la dama adivina
ha hecho confidenciales todas sus cosas
todos, excepto Caín y Abel
y el jorobado de Notre-Dame,
están haciendo el amor
o esperando que llueva
y el buen samaritano se está vistiendo,
está preparándose para el show,
va a ir esta noche al carnaval
en la calle de la desolación.

Ofelia está bajo la ventana,
por ella siento tanto miedo,
en su 22 cumpleaños
es ya una solterona;
para ella la muerte es totalmente romántica,
lleva un chaleco de hierro,
su profesión es su religión,
su pecado es su falta de vida,
y aunque sus ojos están fijos
en el gran arco iris de Noé,
pasa su tiempo mirando furtivamente
a la calle de la desolación.

Einstein disfrazado de Robin Hood
con sus memorias en una maleta
pasó hace una hora por aquí
con su amigo el monje celoso,
y se mostró tan inmaculadamente correcto
cuando mendigó un cigarrillo,
después se marchó oliendo alcantarillas
y recitando el alfabeto,
no lo pensarías al verle
pero se hizo famoso hace tiempo
por tocar el violín eléctrico
en la calle de la desolación.

El Doctor Mugre guarda su mundo
en una copa de cuero,
pero todos sus pacientes asexuados
están tratando de romperla,
ahora su enfermera, una furcia local,
está encargada de la guarida de cianuro
y también guarda las tarjetas que ponen:
“Tenga compasión de su alma”,
todos ellos siguen tocando penny whistles
los puedes oír soplar
si sacas lo bastante la cabeza
en la calle de la desolación.

Han colgado los telones
de un lado a otro de la calle,
se están preparando para la fiesta,
el fantasma de la ópera
la perfecta imagen de un cura,
están cebando a besos a Casanova
para que se sienta más seguro,
luego lo matarán con autoconfianza
después de envenenarlo con palabras,
el fantasma grita a las chicas flacas,
“¡Largo de aquí si no entendéis:
Casanova está siendo castigado
por ir a la calle de la desolación.

A medianoche todos los agentes
y la banda sobrehumana
salen y acorralan a cualquiera
que sepa más de lo que ellos saben
luego los llevan a la fábrica
donde la máquina de ataques al corazón
es atada sobre sus hombros.
y entonces el queroseno
es traído de los castillos
por los hombres del seguro que vienen
y controlan que nadie se está escapando a
de la calle de la desolación.

Orgulloso de ser el Neptuno de Nerón,
el Titanic zarpa al amanecer
todo el mundo está gritando,
“¿De qué lado estás tú?”
Y Ezra Pound y T. S. Elliot
luchan en el puesto de mando,
mientras cantantes de Calipso se ríen de ellos
y pescadores sostienen flores
entre las ventanas del mar,
donde abundan amorosas sirenas
y nadie tiene que pensar demasiado
sobre la Vía de la Desolación.

Sí, ayer recibí tu carta,
(justo cuando se rompió el llamador),
cuando me preguntaste cómo me lo montaba
y si aquello era algún tipo de broma
toda esa gente que mencionaste,
sí, sé que están completamente lisiados,
tuve que rehacer sus caras
y darles otro nombre a todos
ahora mismo no puedo leer muy bien
no me envíes más cartas, no,
no, a menos que lo envíes desde
la calle de la desolación.

viernes, 8 de febrero de 2013

Dos poemas yonkis



Estaba cortado, aquel caballo

En un cuarto una cuchara en una llama
calentaba su deseo más oculto.

Cuando la mezcla estaba bien cocida echó de prisa
mano al cinturón, antes de que el jaco se perdiera.

El cinturón se lo enrolló en el brazo,
y limpió la aguja, para quitar la porquería.

Luego tiró del cinturón, buscándose una vena.
Siguió tirando hasta sentir que le dolía.

Con mano quieta esperó a que saliera el bulto,
y con él llegara el sueño que tanto deseaba.

Y asomó el bultito, y le enchufó el gozo de la aguja.
Pero estaba cortado, aquel caballo, y no hubo fiesta.

Se desplomó en el suelo sin que oyera nada,
y la cabeza le giraba como si fuera un carrusel.

Y se rascó de arriba abajo, entre temblores, y se tiró del pelo,
y vomitó suspiros; otra cosa no llevaba dentro.

Se revolvió gimiendo en medio de la noche.
Pobre alma más colgada no pudo haberla nunca.

-Gregory Corso-



Los sueños de Bill

Muchachas esbeltas con finos kimonos
de seda azul, gasa finísima,
larga, transparente,
recostadas y a medio sentar,
fumando por largos tubos
que de vez en cuando
un sirviente coloca droga,
en un cuenco central,
y mientras siguen fumando
un sirviente les espolvorea
los ojos con polvo
de talco
y ellas parpadean
de placer.
Luego, de vuelta en Las tumbas,
él fuma en su celda
y el humo se va convirtiendo
en personas que cantan y se desvanecen
y vuelven con el humo
y un hombre que pasa pan
lo pasa de largo-.

 -Jack Kerouac-