martes, 13 de enero de 2015

Dos poemas de Megan Boyle



Comida china para llevar

me he estado acostando con este tipo
que pega a mis gatos en la cabeza y anoche parecían ofendidos
mientras esperaban a que llegara la comida china
estuvimos viendo una página en la que puedes encontrar fotos
de todos los delincuentes sexuales de tu barrio que están fichados

a algunos delincuentes sexuales les resultaba indiferente el hecho
de que su foto les identificara como delincuentes sexuales
algunos delincuentes sexuales parecían arrepentidos y un poco locos
un violador era de raza blanca e iba vestido de traje,
le gustaba la pornografía infantil

mi gato siempre me mira como si me estuviera olvidando de algo
muy importante y su vida le fuera en ello
el tipo con el que me he estado acostando dijo
"no sé cómo puedes soportar eso, tu gato mirándote así siempre"

esta mañana he pegado a mi gato en la cabeza
con una cajita de comida china que él ha sacado de la basura
parecía triste



Algún día

quiero ser dueña pero no gestora de un almacén que guarde
todas las piscinas de delfines y colillas de cigarrillos del mundo
quiero tener contacto visual con un desconocido y decirle, «joder»
para que intuyan
que han hecho algo muy vergonzoso
quiero que mis piernas tengan mil metros de largo
y quiero caminar por encima de las cosas diciendo «uy»
con mucho sarcasmo
quiero interrumpir un truco de magia reventando
la pared con una motocicleta
quiero derramar 75 dólares en monedas de diez centavos
sobre el suelo de linóleo y ver a alguien de cerca, recogiéndolas
quiero rellenar una piñata con langostas mentalmente enfermas
y colgarla de una valla entre un instituto y un estanque
quiero colocar lápices de colores en una línea recta
de un kilómetro de longitud, así podré pasar por ella cuando quiera
quiero sacar largas cuerdas granates de mi cerebro
y colocarlas junto a un cuenco de doritos en una fiesta



Trad. Ainhoa Rebolledo

domingo, 28 de diciembre de 2014

Dos poemas de Martín Rangel




para ser visible es decir

de verdad visible ante los ojos del espanto
haría falta coronar de furia y de solaz
la mecha
a medio encender de la palabra
de la misma palabra que no es precisa
ni mucho menos justa
ni jamás verdad.
de ahí la urgencia de ornamento:
coronarla
uncirla de diamantes
para que el miedo sepa
dónde exacto aterrizar sus velas
y la certeza del naufragio
le conforte.


lo que va quedando

es la ciudad y su grito desgañitado
de ave derribada en pleno vuelo,
de pupila henchida,
de ala extendida y de giro.
la ciudad y su grito desoído
porque de moneda lleva,
bajo la lengua quieta,
un gemido de bestia malherida
disminuido al paso helado de la muerte.
y así trina la ciudad,
y brama,
y ruge,
y ladra,
y grita la ciudad su grito que no alcanza
más que a devolverse en eco
–voz de espejo ante su ruina ya olvidada–
hasta allí,
donde nadie logra oírle.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Dos poemas de Emily Roberts




*

Cuando todas las bestias querían destrozarse, nosotros sólo queríamos un lugar donde vivir. La ciudad eran las luces, el humo, la casa nueva, los trenes de vuelta, el Media Distancia. Domesticábamos las cucarachas. Domesticábamos la suciedad. Nadie soñaba con quedarse, excepto yo.

Nuestro hogar fue el cisma.

Imagina morir si lo dices en voz alta.



*

Durante los años de instituto
utilicé el amor
como forma de literatura.

(Los latidos muertos
de las bacantes
quinceañeras
escribiendo cartas a Bécquer).

Ahora el amor es un género
de serie B
que me invento
cuando no puedo estar contigo.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Tres poemas de Natalia Litvinova




Aleteo del decir


revolotear mi caída junto al pichón que cae.
estrellar mi rostro de pájaro contra el suelo.
no sé volar padre no sé
y respiro mal padre, tengo escamas,
intención de polilla siendo cuerpo
quemé las tripas de mi madre
para nacer con aleteo del decir sagrado,
pero denuncié lo que no fue sonoro
y caí junto al pichón
nacido en mi rostro de pájaro extranjero.
mi padre me dijo que tenía alas
y yo nadé
madre.



Infinito

Debo elegir lo infinito.

La luz o los talones que encuentra mi mano
entre las sombras.



En toda palabra

En toda palabra hay un dios.

Estar en silencio es rezarle.