miércoles, 3 de octubre de 2012

Dos poemas de Sharon Olds





La línea


Cuando comprendimos que podría ser cáncer,
me tumbé junto a ti en la noche,
la palma de la mano descansando en la hendidura de tu pecho,

el raquis de una hoja. No procedía
hacer el amor: en mis entrañas ese
pequeño quiste. En la penumbra
de mi primer ocaso, mi mano sobre la hermosa
falla de tu pecho, valle de
lágrimas,
sólo existía el instante, y mientras
dormías en el silencio, te observaba como quien observa
a un recién nacido, consciente siempre del
milagro, la línea que hemos cruzado
desde la oscuridad.



Barómetro

Por ser la hermana menor de una mujer
que abandonó a su hija —dejándola a mitad de camino,
como se tira un marido— no soy como las otras madres.
Por las noches, voy al cuarto de mi hija,
y escucho el sonido en la cisterna
de su respiración; voy al cuarto de mi hijo, el grillo
todavía vivo en su garganta, en su pecho;
Quisiera poder inclinarme sobre mi propia cama
y escuchar mi respiración, para saber el clima
que viene.

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